En la falda oriental del estado, las comunidades ejidales de Amecameca cuidan cientos de hectáreas de pino y encino que regulan el clima de la región. Este trabajo comisionado por las asambleas locales resguarda la recarga hídrica y frena la tala clandestina. Es una labor silenciosa pero fundamental para la estabilidad ecológica del oriente mexiquense.
Tradición comunitaria y vigilancia del territorio
Las brigadas comunitarias recorren los senderos de montaña durante las primeras horas del día para verificar linderos y vigilar brechas cortafuego. Su conocimiento del terreno combina técnicas ancestrales de manejo forestal con metodologías modernas de reforestación. Esta organización civil demuestra que la conservación efectiva depende directamente del arraigo territorial.
El equilibrio ambiental de la región volcánica
El ecosistema del parque nacional no solo alberga diversidad biológica sino que protege a los asentamientos humanos inferiores contra deslaves e inundaciones. El monitoreo constante de los recursos forestales asegura la continuidad de los arroyos que alimentan a los municipios linderos. Dar voz a estos procesos permite entender el valor de la periferia natural de la entidad.
